En este libro, el color de Medellín no está en las fachadas: está en el señor que pela los mangos despacio, en el panadero que acomoda la primera bandeja como si fuera a tomarle una foto, en el abuelo que se acuerda de un domingo de diciembre. Cuando esas personas dejan de hacer lo suyo con ganas, la ciudad se apaga. Candelaria, una niña de diez años, decide averiguar por qué.
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Sobre el libro
El libro empieza a todo color y se va apagando. A partir del capítulo 1 el mundo es gris, y en cada capítulo vuelve un solo color: el verde de un brote, el naranja de un pájaro, el azul de un banquito, el amarillo de unos casquitos de mango.
Candelaria es lo único con color en las páginas grises. Si el lector se fija, en algún momento ella también empieza a perderlo.
La regla del libro cabe en una frase: el color no vuelve en cualquier parte; vuelve donde alguien hace lo suyo con ganas.
“El mundo pierde su color cuando dejamos de ver los detalles pequeños.”
Galería
Créditos y apoyo
Esta obra fue posible gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín – Presupuesto Participativo.
Proyecto beneficiado con recursos del programa de Planeación del Desarrollo Local y Presupuesto Participativo de Cultura.
